Antiespecismo… (Igualdad Animal)

Al igual que nosotros, los demás animales (no olvidemos que nosotros también somos animales) son individuos con capacidad para sufrir y disfrutar de su vida. A pesar de ello, estos últimos son víctimas de un modo de discriminación arbitrario e injusto que se lleva la vida de millones de ellos cada hora: el especismo.

¿Qué es el especismo?:

El especismo es la discriminación de un individuo en función de su especie. Es decir, considerar que los intereses de alguien no merecen un peso justo debido a su especie de pertenencia. La forma de especismo más común es la que establece que es el hecho de que alguien pertenezca o no al grupo humano lo que determina el respeto que merecen sus intereses. La defensa de esta forma de especismo gira normalmente en torno a dos argumentos. Lo que esconden ambos es la idea de que es la simple pertenencia a la especie Homo sapiens el motivo por el cual los humanos merecemos que nuestros intereses tengan un trato privilegiado con respecto a los intereses de los demás animales.

Supuestamente superiores:

En primer lugar y con el objetivo de defender la “superioridad” humana, se mantiene que pertenecer a la especie Homo Sapiens ya es en sí mismo motivo suficiente para que alguien sea respetado, y que quienes no pertenecen a este grupo no merecen el mismo respeto que quienes sí tienen esa suerte. Lo cierto es que este tipo de argumento es tan injusto como sostener que es el tener el color de piel blanco, o el ser hombre lo que determina si alguien merece un trato justo o no. Nuestra especie, al igual que nuestra raza, sexo etc., no es más que un grupo de clasificación que de ninguna manera determina el peso que merecen nuestros intereses. Por otro lado, se mantiene que es la posesión de características “exclusivamente humanas” (un determinado grado o tipo de inteligencia, ciertas capacidades lingüísticas, etc.) lo que hace que los humanos y sólo los humanos, merezcamos un trato justo e igualitario. Pero no todos los humanos poseen dichas características: recién nacidos, humanos con una discapacidad mental profunda, enfermos en estado avanzado de Alzheimer… no merecerían ser respetados como el resto si nos basásemos en estas características y es que estas capacidades no determinan nuestros intereses.

No es nuestra inteligencia lo que nos hace querer vivir o sentir dolor, sino la capacidad para sufrir y disfrutar, algo que compartimos con los demás animales y que nos permite tener experiencias, convirtiéndonos a todos y todas en individuos con intereses propios. Desde pequeños estos argumentos se nos han inculcado y repetido de formas más o menos sutiles y diversas, a través de cuentos, libros infantiles, visitas al zoo o al circo, productos alimentarios provenientes de la explotación de los demás animales etc. Esto hace que pocas/os hayamos cuestionado el especismo. Nuestra infancia, como el resto de nuestra vida, es una muestra de que los intereses de los animales no son considerados justamente y que pueden ser utilizados para nuestro beneficio en el campo de la medicina, alimentación, vestimenta etc. Pero si queremos ser justos, debemos rechazar el especismo y sus consecuencias (la explotación animal), ya que en general, todos los animales, humanos o no humanos, somos iguales en lo que al respeto que merecemos se refiere.

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